jueves, 18 de septiembre de 2014

Miraur: el timo de la estampita

Hoy vengo a darle cera a Miraur Dermocosmetics, una marca que en un principio iba camino de encantarme, y que ahora me cae francamente mal.


Ya he mencionado en más de una ocasión que si hay algo que no soporto como consumidora, es el engaño, y me da igual si se trata de una pequeña trampa del marketing o de una mentira flagrante. Para el caso es lo mismo. Tenía una profe en quinto de Primaria que nos decía que igual de mala que una mentira, era una media verdad, porque ninguna de las dos es cierta, y ambas llevan implícita la intención de engañar. Y tenía toda la razón. Las historias pueden tener muchas versiones diferentes, pero los hechos son los que son, independientemente de la interpretación que se les dé después.

Pero vayamos al grano.

Si entráis en la página web de Miraur Dermocosmetics, en el apartado 'Sobre Miraur', os encontraréis con esto:


Como podéis ver, ahí en todo el centro de la página, entre mucha literatura cosmética barata, en negrita y todo mayúsculas, pone bien clarito: 

EL 100% DE LA FIRMA MIRAUR NO CONTIENE PARABENES 

Eso es lo que ellos dicen, y por tanto lo que nosotros nos creemos. Porque todos sabemos de los truquitos del marketing, y de cómo a veces consiguen colarnos algún que otro gol, como por ejemplo cuando te hacen creer que algo es totalmente natural, cuando en realidad no es así; pero de ahí a la mentira descarada hay un trecho, ¿no? Tendemos a pensar que una marca no nos mentiría de forma descarada, y menos una marca seria. Una marca que vende productos de lujo, que se define a sí misma como dermocosmética, es decir, más que cosmética. No sólo (querida RAE, te respeto mucho, pero en esto de no acentuar los sólos y los guiones paso de ti, sorry) cosmética, sino además dermatológica. Es decir, del tipo de marca que incluso se vende en farmacia. Una marca tan seria que, hablando de sí mismos, y en referencia al término dermocosmética, afirman ser 'la solución intermedia entre la cosmética y la medicina'. 

Pero sobre todo tendemos a pensar que una marca no nos mentiría a la cara, más que nada, porque existen leyes y esas cosas. Leyes que, se supone, protegen a los consumidores de los excesos y abusos de las multinacionales. Y ahí incluso el más escéptico cede, se deja llevar y entrega su confianza a la marca de turno, o al menos al sistema que se ocupa de velar por él y sus intereses, pensando que está en buenas manos. Que hay alguien por encima de nosotros que vigila y regula todo este cotarro.

Fijémonos en la página de producto de este champú mineral del mar muerto, disponible en la tienda online de Miraur, y que es además, según ellos, uno de sus top-sellers. Como podéis observar, la descripción del producto la componen tres pestañas: una en mayúsculas, que nos habla de sus BENEFICIOS, y otras dos que explican el modo de uso y los ingredientes del producto.

Hasta ahí todo bien.

Pero ay, amigo, si clicamos en la pestaña de ingredientes, en lugar de encontrarnos con una larga retahíla de nombres raros y palabrejos incomprensibles y sin sentido, Miraur nos lo pone mucho más facilito. El champú lleva sólo tres cositas, cada una claramente señalada con un puntito, a saber: una "Mágica Combinación de Minerales del Mar Muerto, con Lujosos Componentes Suizos" (¿por qué las mayúsculas en cada palabra? No lo entiendo, ¿es todo ello un gran nombre propio o qué pasa?), extractos de Planta (¿Planta? ¿Qué planta?) y Barro Mineral del Mar Muerto. 

Voy a repetir esto porque no tiene desperdicio y me encanta: Mágica Combinación de Minerales del Mar Muerto, con Lujosos Componentes Suizos. Además de rimbonbancia, la frasecita lo tiene todo: Magia, lujo, Suiza y el Mar Muerto. ¿Qué más se puede pedir? Con todas esas cosas buenas y beneficiosas y exclusivas y lujosas que lleva el champú, ¿qué necesidad hay de saber de qué está compuesto? ¿Qué importan los nombres técnicos y las palabrejas raras? No te preocupes por eso; este champú, como todo lo de Miraur, es bueno, es fiable, hace magia con tu pelo. No puede ser de otra forma, teniendo en cuenta que combina lo mejor de lo mejorcito: lo mejor de la naturaleza, el barro del Mar Muerto, que todo el mundo sabe lo beneficioso que es para la piel; con lo mejor de la ciencia y la tecnología punta, ya sabéis, hecha en Suiza, como los relojes de precisión y el acelerador de partículas LHC. Ahí es nada. Lujo puro.

Oye, y además cuesta sólo 34 euros. 34 euritos de nada por esta maravilla. Lo que gasto en comer una semana. Tiene que ser bueno por fuerza.

Bien, confieso. Yo, que soy (o era) víctima fácil, compré este champú. Sí, lo compré. En mi defensa tengo que decir que fue en la tienda de BirchBox (donde el precio es el mismo), utilizando un descuento bastante importante, de esos que te hacen por puntos acumulados. Lo compré junto al acondicionador de la misma gama, tras haber probado su crema de día antiestrés y haber quedado , en principio, bastante contenta con ella. No me fijé en los ingredientes (no hubiera tenido donde hacerlo, no están en ninguna parte). Ni siquiera presté atención a lo de los lujosos componentes, blabla y toda la pesca. Simplemente estaba contenta con la marca y me gustó la idea de un champú de barro. Me gustó su color gris verdoso, que lo hacía parecer barro puro, y me gustó el diseño del envase, no os voy a engañar.


Cuando llegó el champú, lo puse en lista de espera, para utilizarlo cuando terminase el que estuviera usando en ese momento. El problema es que en el plazo de espera entre un champú y otro, mi forma de pensar ha cambiado mucho, y ahora me preocupa bastante más el saber qué es lo que le pongo a mi cuerpo y me he vuelto muy escéptica con las promesas de las firmas cosméticas.

Lo primero que me llamó la atención en su etiqueta, era que repetía el mensaje que anuncian a bombo y platillo en la web de Miraur: que no contenía parabenos.


¿Lo veis? Ahí, pequeñito, pero muy claro y explícito en un lateral: No contiene Parabenes.


Pero claro, los parabenos no son lo único que me preocupa encontrar en los ingredientes de mi champú, y como ahora leo minuciosamente y con atención las etiquetas de todo lo que cae en mis manos, le di la vuelta al envase y me fijé en la lista de ingredientes, a la caza de sulfatos, siliconas, etoxilados y demás (spoiler: este champú lleva de todo eso y más).


Me sentí bastante idiota al ver que el ingrediente que encabeza la lista es el Sodium Laureth Sulfate. Aunque me estaba bien empleado. Al menos me consolé pensando que podría haber sido peor; por lo menos era Laureth y no Lauryl, que es mucho más irritante y agresivo. Aun así, fue un buen chasco, sobre todo teniendo en cuenta que hace ya más de un año que no me acerco a los sulfatos más que en contadas ocasiones. Eso, y QUE EL CHAMPÚ CUESTA 34 EUROS, POR EL AMOR DE DIOS. 

Y el suavizante 32. 32 pavos por un suavizante. Aunque los pillara con descuento, todavía me duele n, todos y cada uno de ellos. Porque dejadme que os diga algo, aunque me imagino que a estas alturas ya lo sospecháis: ninguno de los dos lo vale. 

Pero sigamos analizando los ingredientes. Si os fijáis, veréis que son bastante vulgares. No tengo ni idea de cuáles son los lujosos componentes suizos, porque no lleva nada que no contenga cualquier champú cutre del súper. Igual los químicos son de mayor calidad, o más puros, vete a saber, pero no dejan de ser exactamente los mismos químicos de siempre (si queréis ver una lista más exhaustiva, decídmelo y añado un análisis al final del post).

En cuanto al famoso barro del Mar Muerto, me costó encontrarlo. Es el decimonoveno ingrediente de la lista. Es decir, hay 18 componentes por delante de él, en mayor proporción, que no son barro. Del Mar Muerto también lleva sal, como octavo ingrediente, supongo que esos son los 26 minerales del Mar Muerto que también anuncian a bombo y platillo por toda la web. Pero que lo vendan como barro (mud) del Mar Muerto, cuando en realidad lleva de todo menos barro, clama al cielo. Ah, el marketing tramposo y descarado.

Pero esperad, que ahora llega lo gordo. La hecatombe, el motivo por el que estoy escribiendo este post con una vena latiéndome lentamente en la sien, en el colmo de la indignación y la impotencia más absoluta. 

¿Sabéis cuál es el ingrediente número 20, ahí, justo por detrás del "barro"? Os doy una pista: es un compuesto que tiene prohibido por ley ir en concentraciones mayores al 0,4% del total del producto (así que imaginad la cantidad de barro que lleva el champú, siendo el ingrediente número 19, sólo uno por encima). Os pongo una foto más grande para que lo veáis mejor:


¡Tachán! El omnipresente Methylparaben

Toma ya, con un par. Un parabeno como una casa. Señores de Miraur, se han lucido ustedes.

Y por si pensabais que igual el suavizante se salva, que quizá haya sido un pequeño desliz, os dejo foto de sus ingredientes, entre los cuales, además del Methylparaben, tenemos el Propylparaben que es, de lo malo, lo peor.


Cada uno que saque sus propias conclusiones y actúe y reacciones como mejor le plazca, que para eso somos todos libres de opinar y pensar lo que nos dé la gana. Pero ahí están los hechos, y los hechos no mienten.

No como otros.


P.D. Les dejé a los de Miraur un comentario en el muro de Facebook, pidiendo explicaciones acerca de por qué afirman categóricamente que ninguno de sus productos contiene parabenos, cuando está claro que no es así, pero no sólo no se dignaron a contestar, sino que además borraron mi comentario (cosa que me esperaba).

ACTUALIZACIÓN: El otro día me contactaron desde la firma Miraur para aclararme que han retirado definitivamente los parabenos del champú mineral de barro. 

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