jueves, 10 de abril de 2014

Armario de primavera

Hacía tiempo que tenía ganas de escribir este post; el invierno se me estaba haciendo ya pesado y no veía la hora de empezar por fin a guardar botas, bufandas y jerséis de lana, y sacar de las cajas de debajo de la cama los vestidos de flores y las sandalias (seguramente me acabaré arrepintiendo de haber guardado ya los abrigos, pero el buen tiempo dura demasiado poco como para esperar hasta el cuarenta de mayo... guiño, guiño).


Aunque quizá aún sea un poco pronto para hablar de sandalias, o para emocionarse guardando toda la ropa de inverno sé que más de un día lamentaré haber aparcado las botas altas y aún no esté, ni de lejos, preparada para quitarme las medias, lo cierto es que ya había ganas de primavera, de días largos y luminosos y de terracitas al sol. Ahora o nunca, es el momento de reinventar el armario en la transición hacia el buen tiempo, de jugar con las capas, y de sacar del fondo de los cajones la ropa de entretiempo, esa que nunca sabes muy bien cuándo ponerte, demasiado ligera para el invierno, pero demasiado abrigada para cuando haga calor de verdad.


Es época de hacer malabares con el armario, de jugar a combinar prendas, de esos abrigos que no abrigan, de llevar varias capas encima ante la duda de no saber si lloverá, si saldrá el sol, soplará un viento helado, hará un calor sofocante, o una sucesión de todas estas cosas. O si nos darán las tantas de cañas en una terraza, o de barbacoa en el campo, mientras va refrescando a medida que anochece. Es época de cazadoras vaqueras, de pañuelos ligeros y botines sin medias, de chaquetas finas y de faldas y vestidos largos, que oculten unas piernas que algunas aún no estamos dispuestas a enseñar.

Os dejo con una pequeña recopilación de los que considero son, en mi opinión, algunos básicos que pueden servir como base para empezar organizar un armario de entretiempo que no cojee por ningún lado, que sea cómodo, práctico y funcional, y en el que no falte de nada de cara a la primavera.

Como siempre, las fotos están linkadas a las páginas de origen, sólo tenéis que hacer click sobre ellas.

Básicos del armario de primavera


  • Una falda midi (o una larga hasta los pies).
Ya lo dije hace poco en otro post, me ha dado fuerte por las faldas midi, y me parecen perfectas para entretiempo. Tapan las piernas lo suficiente como para disimular el blanco medusa del invierno, y son un buen trampolín para la transición hacia los vestidos y faldas más veraniegos. A mí siempre me pasa que, cuando llega de nuevo el buen tiempo después de todos esos meses yendo de un lado a otro forrada de pies a cabeza, me cuesta muchísimo renunciar a las medias. Me siento como desnuda con las piernas al aire, y al principio siempre me veo horrible, con la piel blanca y reseca, arrastrando los descuidos del inverno. Me lleva un tiempo habituarme al cambio, y creo que la falda midi puede ser una gran aliada para hacer que la transición sea más suave. También se puede sustituir por una falda larga, si el largo midi no acaba de convencer.


  • Dos o tres pañuelos ligeros
Tipo fular, o foulard nunca sé cuál es la forma correcta, lisos o con estampados que puedan combinarse sin problemas. Porque es el momento de renunciar a las bufandas, pero habrá días en los que todavía convenga tener algo a mano con lo que taparse el cuello.

     


  • Un maxi vestido, o vestido largo
Al igual que la falda, es estupendo para ocultar unas piernas sin depilar, o que no han visto la luz del sol en meses. Además, el vestido te lo podrás poner ahora con jerséis y sudaderas por encima, esos días que haga más frío, con cazadoras vaqueras y chaquetas en primavera, y seguir usándolo durante todo el verano. Es decir, no es como esa ropa de entretiempo, que sacas durante uno o dos meses, apenas te la pones y luego tienes que volver a guardarla, porque hace demasiado calor para llevarla.

El vestido largo no es de ésos.

El vestido largo es de los que llegan para quedarse.

     


  • Unas sandalias de piel
Con poco o ningún tacón, y en un color básico que vaya con todo. Lo ideal sería negro, marrón o blanco, aunque para mí, sin duda, el mejor es el blanco. Es el más veraniego de todos y va con absolutamente cualquier cosa. Lo digo por experiencia: el verano pasado me compré unas sandalias blancas con tachuelas en Mango, de piel, comodísimas y súper rebajadas, y no me las quité en todo el verano. Éstas, en concreto:


Se convirtieron en mi uniforme de diario, tanto para ir a trabajar, como para fines de semana, e incluso para ir más arreglada. Como aún las tienen en Mango Outlet, estoy pensando en volver a comprármelas, para reemplazar las otras cuando se me caigan a pedazos, que digo yo que en algún momento lo harán.

  • Unas bailarinas de piel
En tono nude, o crudo, sientan fenomenal, aunque será por colores. Eso sí, es importante que sean de piel, porque, de lo contrario, lo que ocurrirá cuando intentes llevarlas sin medias es que se te recocerá pero bien el pie, con todas las consecuencias que eso implica: sudor a mares, pies que bailan dentro del zapato encharcado, mal olor, rozaduras, ampollas. He tenido más de una y más de dos experiencias chungas con zapatos malos, y no es una buena idea. Además, las consecuencias pueden ser incluso permanentes, o muy difíciles de solucionar: callos, durezas, malformaciones tipo juanete. No, gracias. Los pies hay que mimarlos un poco, que son para toda la vida.

     

  • Una cazadora de cuero
Aunque ya se pueden guardar los abrigos más pesados, siempre está bien tener a mano algo más o menos calentito para los días que refresque. Una cazadora de cuero es perfecta para este tiempo intermedio, porque abriga bastante y no pesa si te la tienes que quitar y llevarla en la mano o encima del bolso. Además, sienta fenomenal sobre un vestido, un jersey, una camisa ligera, o lo que quieras, porque se puede llevar con todo. A medida que vaya avanzando la primavera te la irás poniendo menos y menos, pero ahora la agradecerás cuando salgas de casa por la mañana.

     

  • Una cazadora vaquera
El imprescindible por excelencia de la temporada de entretiempo. Queda bien con todo y es lo más sencillo para echarse por encima de un vestido. Al igual que la cazadora de cuero, no pesa y te vendrá bien cuando al caer la tarde empiece a refrescar, tanto ahora, en los días buenos, como durante todo el verano y la mayor parte del otoño. La cazadora vaquera es una prenda que toda chica debería tener en su armario. Nunca se pasa de moda y, si se pasa, nunca se va muy lejos.

     

  • Un par de jerséis
A ser posible ligeros, nada de lana gruesa y ochos, ésos van ya para las cajas. Un jersey o dos de punto fino, que no pesen ni agobien, en un color que combine bien con todo.

     

  • Unos botines o unas botas de media caña, de piel vuelta
Que no abriguen demasiado, para llevar con vestidos sin medias, sin enseñar demasiado, por aquéllo que ya he explicado más arriba, acerca de las piernas tras el invierno. En cuanto al color, elegiría cualquier tono de marón o tostado antes que el negro.



Y ya que hablamos de botas, también podría incluir en la lista unas botas de agua. Aunque lo cierto es que nunca he tenido unas, y no las echo especialmente de menos. Quizá algún día me anime, aunque de las Hunter creo que paso, porque tengo entendido que dan muchísimo calor.


  • Una camisa blanca, y un par de camisetas, blancas también
La incluyo aquí, igual que lo hice cuando hablaba del armario de otoño, porque una camisa blanca es algo que consigue estructurar un armario entero como ninguna otra prenda podría hacerlo, sin importar la época del año que sea. Una camisa blanca es un básico siempre. Yo todavía ando a la búsqueda de una que me guste.


En cuanto a lo de las camisetas, más de lo mismo. Las camisetas estampadas están muy bien, pero una camiseta blanca a tiempo ahorra muchas complicaciones y quebraderos de cabeza, y, si te parece sosa por sí sola, siempre podrás añadirle algún complemento, porque los admite todos.

     

  • Un par de vestidos cortos básicos
Los típicos 'sundress', que los llaman en inglés. Vestidos de verano, que lo mismo puedes ponerte para ir a trabajar, que para ir a cenar al chiringuito de la playa. De corte sencillo y colores y estampados alegres. De ésos que son cómodos y fresquitos, que no agobian y que podrás usar para diario, cuando finalmente te animes a dejar atrás las medias. Lo más importante es que te sientas a gusto con ellos, y que puedas llevarlos como si fueran una segunda piel. Os dejo tres ejemplos, con la cintura a tres alturas diferentes: natural, media y baja.

     


  • Ese bolso tan cómodo y que va con absolutamente todo.
Al igual que me ocurre con las botas, en este caso prefiero descartar el negro y optar por un color más alegre. Un tono beige, marrón o crudo es perfecto, porque no tendrás que romperte la cabeza pensando cómo combinarlo. Eso de estar todo el día cambiando de bolso no va mucho conmigo, soy más de tener un bolso de batalla. ese bolso comodín que no te complica la vida, sino que te la hace un poquito más fácil.


  • Un pantalón holgado, de esos estilo pijamero (o dos, o incluso tres).
Se pusieron muy de moda el año pasado, y no sé si ésta temporada se llevarán o no, pero yo desde luego no pienso renunciar a ellos. Después de haber llevado uno de esos pantalones, con esa tela fresquita, ligera y maravillosa que tienen, embutirse en un vaquero pitillo, o en cualquier otro pantalón ajustado, es un suplicio. Agobio, calor, piernas comprimidas. Falta de riego en los pies. No, gracias. Yo es que soy muy práctica y lo que me gusta es ir cómoda, qué queréis que os diga.





  • Unas zapatillas de tela.
Algo entre Converse y Victoria, o similar. Con cordones o sin ellos, pero que sean cómodas y fresquitas y que transpiren bien, para un día que apetezca ir más informal, o para una barbacoa en el campo.

     

Y hasta ahí la lista para configurar un armario que se adapte sin problemas a unas temperaturas que van mejorando, pero que son todavía inestables e impredecibles, en una estación que no dejará de marearnos con días de sol radiantes, seguidos por aguaceros, vendavales e incluso las clásicas nevadas de Semana Santa, para que nada nos pille por sorpresa.

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